Entre las muchas cosas que mi padre me enseñó a apreciar, está el placer de disfrutar de una taza de chocolate.
Para mí se ha convertido en costumbre en las mañanas dominicales -y de algún que otro festivo- no importa de qué estación se trate. Su elaboración, la preparación del menaje y la mesa ..., incluso su elección y adquisición, todo forma parte de un ritual que me satisface, más que por el placer de la golosina -que también-, por lo que tiene de añoranza y porque durante ese lapso, el tiempo se detiene: no hay prisas, ni preocupaciones; de pronto todo parece tranquilo y, al final, yo, me reconcilio con la vida.
¿Será verdad que, entre todas las bondades que se le otorgan al chocolate, esté la de aportarnos euforia y bienestar emocional?.
Propiedades del chocolate: http://www.botanical-online.com/propiedadeschocolate.htm
Entiendo perfectamente esa sensación que tan bien describes, sólo que para mi, el chocolate se convierte en un café "au lait". ¡A seguir publicando, que se te da muy bien!.
ResponderEliminarUn abrazo. Manuel
Gracias, gracias, gracias, ... y así sucesivamente.
ResponderEliminarMe ha hecho musssa ilu.